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C谩ncer de mama: Maestro de vida.

El cáncer de mama es el más frecuente en las mujeres. Mantener una cultura de prevención y supervisión constante, es esencial para enfrentar la enfermedad desde temprano. En la actualidad, las nuevas tecnologías usadas para el diagnóstico precoz de este padecimiento son muy avanzadas, por lo que el tratamiento oportuno puede ser crucial para tener un resultado favorable.

El pasado 19 de octubre, con motivo al Día mundial de la lucha contra el cáncer de mama, la Mtra. Claudia Elena Galván García nos contó su testimonio en Club C+ Buenavista, desde el momento en que se enteró de que tenía esta enfermedad, de cómo vivió el tratamiento y finalmente cómo logró superarlo.

Claudia Elena Galván García, nacida en La Paz Baja California Sur el 9 de agosto de 1969 y habitante de la Ciudad de México desde 2015.

Es licenciada en diseño de interiores por la Universidad de Guanajuato y realizó una maestría en diseño de escenarios para cine y televisión en el Instituto Europeo de Design de la ciudad de Roma Italia.

Ha realizado trabajo profesional en el ámbito del diseño y la docencia por casi 23 años.

En 2016 fue diagnosticada con cáncer de mama en etapa III.


“Empecé el tratamiento en octubre del 2016, precisamente en el mes de la prevención, veía toda la información acerca de los factores que pudieron ser causantes de mi padecimiento. Gracias a dios, a pesar de que tengo una gran familia, de muchas mujeres, he sido la única de mi familia que ha tenido cáncer.

Bueno les voy a contar quien era yo, digamos que no tenía a quien mortificar, no tenía hijos, entonces me dedique a estudiar y trabajar. Fui jefa, coordinadora, tuve un buen sueldo, un buen trabajo, tenía a personas a mi cargo; además era diseñadora, me gustaba estar muy bien arreglada, era una mujer como cualquier otra.

Iba tomando retos y los lograba, iba escalando. Mi sueño desde niña fue conocer Italia y logré irme a estudiar una maestría, digamos que todos los sueños de mi vida se iban realizando. Además, tenía una familia grande y hermosa, no había un punto en mi vida que dijera que yo iba a pasar por eso, si ustedes me preguntan cuántas veces me incapacitaron del trabajo, yo creo que 2 veces en veintitantos años, era una persona sana, no tomaba medicamento porque soy alérgica a la aspirina desde hace mucho, ni siquiera sabía la diferencia entre naproxeno y paracetamol.

En mayo del 2016 me doy cuenta de que tenía una bolita en el seno, cerca de la axila, justo cuando tenía problemas en el trabajo y me estaba cambiando de casa. El caso es que duré junio, julio y agosto, hasta el 21 de septiembre que fui con el médico, sabía que algo estaba mal, el seno me había cambiado de color, tenía piel de naranja, algo estaba mal y lo sabía, incluso pensé, quizá es una fibrosis que antes me había pasado, no puede ser, no me puede pasar a mí. Desde un principio me dijeron que era altamente probable y sospechoso que fuera cáncer, así que era casi un hecho.

Existen varias etapas del cáncer, en mi caso estaba entre a y b, ya casi llegaba a la etapa 4. El tumor me creció hasta 11 cm, el resultado que decía mi diagnóstico era Carcinoma ductual infiltrante ligeramente diferenciado etapa III, no lo puedo olvidar. Recuerdo que mi marido y yo nos sentamos a llorar, porque justo nos pasó en el peor momento económico y laboral, decíamos ¿qué vamos a hacer?

 Lo peor que te puede pasar en el cáncer es que tu mente empieza a jugar contigo, me decía: ¡Hey¡ te vas a morir… vas a sufrir muchísimo…

Corría por toda la clínica cuando me querían inyectar, odiaba las jeringas, eran lo peor para mí, imagínense la quimioterapia, pensaba que no lo iba a soportar, pero bueno sucedió ni modo. Lo que me dieron de tratamiento fueron 8 sesiones de quimioterapia, una mastectomía radical y 25 sesiones de radioterapia. Empecé el 9 de diciembre del 2016 y todo el tratamiento lo terminé el 2 de octubre del 2017, los médicos me atendieron en hospital “La Raza”, un servicio excelente. La primera vez que llegué a quimioterapia me di cuenta de la vocación del enfermero, llegas, dejas tu carnet y el enfermero te llama: ¡Mi Clau preciosa! ¡Pásale chiquita!; su manera de recibirte es preciosa, obviamente ellos saben que vas a entrar quizá al peor momento de tu vida, vas muy nerviosa, pero te reciben tan amorosos que te das cuenta de que quizá no todo es tan malo y no todo está perdido.

Un médico, que es una inminencia, me dijo que el 60% es el estado de ánimo y el 40% es el medicamento. Me comentó que, si yo no estaba bien, él no podía hacer nada por mí, también me dio el porcentaje de muerte de mujeres en mi condición que era el 35%, ósea muy alto, pero tenía que luchar.

Empezamos el tratamiento, muchos amigos me dijeron que me tomara menjurjes, que comiera guanábana, que no hiciera la quimioterapia porque me iba a morir, pero yo decidí hacer la terapia, también quise contárselo a mi familia, a mi madre se lo dije así de golpe: Mamá fui al médico, me salió una bolita en el seno y es cáncer, así tal cual. Me reuní con todos mis seres queridos, sentí que liberé una carga al decirles lo que me pasaba.

Durante el tratamiento salí a divertirme, sin pelo ni cejas, no me quede en casa, entendí que de algo nos vamos a morir, eso es seguro, lo que temía es que fuera con sufrimiento, pero poco a poco me di cuenta que el sufrimiento no era tanto como yo esperaba. Unas amigas me vinieron a ver un día antes de la mastectomía, el día de la cirugía me dolía el estómago de tanto que había reído el día anterior, relajadísima, con muy buen estado de ánimo, yo creo que eso fue esencial para mí. Una psicóloga me contó que, según la simbología, cura más recibir amor que darlo, yo dije, pues ahora si quiéranme, no importa que la gente me demuestre su amor, yo decidí recibir amor de todo mundo.

¿Qué hice en este tiempo de tratamiento? Aprendí deshilado, hacia mantelitos, seguí trabajando en diseño y realicé algunos proyectos. Pinté, me gustaba mucho pintar y pensé que tenía que hacer cosas que me relajaran, que me gustaran, porque lo que perdí fue mi ámbito laboral.

El caso es que el cáncer sirve para muchas cosas, me hizo vivir en soledad, en la quimio nadie te acompaña y te das cuenta que tienes que luchar, el cáncer te enseña a vivir la vida, pero a vivirla bien, con cosas que valen la pena, ya casi tengo 50 años y me preguntaba que iba a hacer después, y ahora pienso que no importa, estoy viva y eso es lo que importa. El cáncer es un gran maestro de vida, uno piensa que todo es malo, pero no, los enfermeros, los compañeros del camino. Hubo gente que no me conocía y tuvieron actos tan humanos conmigo.

Si Dios quiso que siguiera aquí pues es un regalo y yo lo agradezco, no te dan de alta hasta después de 5 años, pero el último estudio decía 0 células cancerígenas y estoy muy feliz por eso, espero que si. Dios me dio la oportunidad de vivir, quiero enseñarles a las personas lo que viví y que mis palabras sean constructivas.

El cáncer no es una sentencia de muerte, es una sentencia de vida que te enseña a vivir con más fuerza y mejor.

La intención de esto es que sepan que este padecimiento es multifactorial, si conocen a alguien que tiene cáncer de seno o cualquier otro tipo de cáncer, la/lo acompañen en el proceso. Siempre hay una posibilidad de vida, se puede curar, deben acercarse al médico, no se den por vencidos, es fácil darte por vencido, si no hubiera aceptado la quimioterapia quizá mi futuro hubiera sido diferente, deben darse la última oportunidad de vida.

“Vivamos hasta el último día de vida con dignidad.”